La desclasificación de archivos históricos confirmó que el Gobierno británico no realizó auditorías ni chequeos de antecedentes al hijo de Isabel II en 2001.
Documentos públicos revelaron un intercambio de mensajes -en el año 2.000- entre el palacio de Buckingham y el Gobierno laborista sobre el futuro papel del expríncipe. La reina deseaba que Andrés, que recién terminaba su carrera militar en la Armada, tomara el cargo porque le "encajaría muy bien para poner fin a la carrera naval".